Goo goo goo joob

        Puedo nombrar sin dudar una canción en la que se dice “Goo goo goo joob“. Tal cual. Y otras dos que utilizan frases muy parecidas. Probablemente sea un dato absurdo e innecesario alojado en mi cerebro. Igual es un dato absurdo e innecesario que un día me salva la vida. Quién sabe.

        Hace años yo tenía una memoria tremenda. Que no se me entienda mal, nunca he sido capaz de memorizar una lección completa más allá del tiempo necesario para aprobar un examen. Pero retenía cientos de datos y fechas de cumpleaños, anécdotas y pequeños detalles que ríete tú de lo que hace el Cara-Libro ahora. Un principiante a mi lado. Pero llegaron internet y el ADSL, que unidos a mi curiosidad hacia cientos de materias (y mi tendencia natural a dormir poco de noche y ser un zombie de día) obligan a mi cerebro a almacenar y borrar ingentes cantidades de datos en menos de lo que se tarda en colgar la foto del bocata de chorizo que te acabas en comer en Instagram. Y encima de un modo completamente aleatorio. Por eso se me escapan la mitad de los cumpleaños (que nadie se ofenda) y recuerdo que, según la edición de Trivial que tenemos en mi casa, las pilas más contaminantes son las de mercurio. Me han explicado cerca de una docena de veces qué es una jaula de Faraday, y durante la explicación siempre me he sentido así:

         Exactamente igual que cada vez que han intentado enseñarme a jugar al mus. Es más, una vez me quedé dormida durante la explicación. Literalmente. Esto me alegra en cierto modo porque significa que mi cerebro no es selectivo y lo mismo borra lo científico que lo lúdico. Lo del mus me convierte en una vergüenza para la facultad de Derecho, pero eso es otro tema.

        Todo esto viene porque estaba leyendo una crítica de cine y me he visto incapaz de reconocer más de la mitad de las referencias que citaba. Y aunque supongo que cierta labor de documentación habrá, admiro enormemente a las personas que son capaces de manejar esas cantidades ingentes de datos sobre un mismo tema. Que tienen tiempo para leerlo todo, para verlo todo, y encima “se les queda”. No el total, obviamente, pero sí lo suficiente como para traerlo a colación sin meter la pata y relacionarlo con lo que ya conocían. El tipo de gente que pilla al vuelo que Bichos es una adaptación de Los siete samuráis.

        Se podría pesar que soy una cabeza de chorlito, lo que a mi reputación profesional no le vendría muy bien, pero tampoco es eso. En ese aspecto tengo al coco enseñado, y la información se archiva y utiliza de un modo completamente diferente. Como lo del artículo que comentaba. El desastre viene fuera de esa parcela xD.

        Hay días en los que me siento Dori y me vienen ideas que desaparecen al momento porque se me ha cruzado una mosca (o un enlace, o un tweet) y que no soy capaz de recuperar pero retengo las letras de cientos de canciones. Es frustrante no recordar en condiciones cómo despejar un castillo de ecuaciones y sí la fórmula del ácido sulfúrico y que “ácido más base, sal más agua“. Todavía recuerdo lo de “un día vi un valiente soldadito vestido de uniforme” (∫u dv = uv – ∫ v du), pero no para qué servía.

     Sé que existe una explicación científica a por qué recordamos algunas cosas y olvidamos otras, y estaba a punto de llegar a una conclusión tremendamente interesante y que hubiera cambiado la concepción de la neurociencia tal y como la conocemos pero mi cabeza ha empezado a tararear la canción del “goo goo goo joob” y ¿quién soy yo para resistirme?

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