Napster tiene 17 años

Empiezo hoy las vacaciones (ovación ensordecedora) y entre los puntos de mi lista titulada: “Mil cosas que hacer en agosto y de las que no vas a rozar ni quinientas”™, está poner al día el blog y recuperar el hábito de escribir. Me he sentado frente al pc, he repasado TODAS y cada una de mis entradas antiguas para adecuarlas al nuevo formato (está cuco, ¿eh?), al menos en el color de la letra y he encontrado un borrador de un post que ni recordaba haber empezado. Borrador que tiene tres años. TRES. De ayer mismo, vamos. Y me he planteado borrarlo, pero luego lo he releído y aunque necesitaría algunas ampliaciones (tecnológicamente, tres años es muchísimo tiempo) entiendo perfectamente lo que quise decir. Así que lo cuelgo tal cual, incompleto, como si se hubiera cortado la conexión al subirlo. Incompleto porque la vida sigue y en realidad, esta historia no tiene fin.

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“Mi conclusión del debate es que, doce años después de la aparición de Napster (…)”. Pum. En toda la cara.Y no porque el resto del artículo no fuera bueno o porque David Bravo  no estuviera haciendo un análisis muy interesante del tema en cuestión. Simplemente me ha dado por calcular fechas y me he dado cuenta de que Napster tiene casi la mitad de años que yo. Y me ha llegado.

De un modo inevitable me he puesto a recordar (podría haber estado perfectamente sentada al lado de una ventana, mientras llovía escandalosamente en el exterior y yo tenía la mirada perdida; peliculera que es una) y me ha dado morriña de aquellos días. Cuando para conectarte a internet tenías que esperar a que fuera de noche porque la tarifa de teléfono era más barata. Cuando el ruidito chirriante del módem sonaba a música celestial. Cuando advertías a todos los habitantes de tu casa que estaba terminantemente prohibido utilizar el teléfono en las dos o tres horas siguientes (al menos). Cuando entrabas en modo berserker porque después de hora y media para descargarte una canción del (bendito) Napster alguien pasaba de ti y descolgaba el auricular. Cuando elegías a tus “contactos” según la cantidad de puntitos verdes en sus archivos. Cuando el chat de Napster era toda una aventura (del #irc ni hablamos) y te maravillaba poder hablar con gente de medio mundo.

Ahora es todo muchísimo más fácil, pero creo que antes le dábamos más valor. Recuerdo volver de una manifestación contra la LOU volando a casa para poder llegar a tiempo de ver las noticias y saber “en tiempo real” el impacto que había tenido. Hace un mes, en la del 15O, estuve comentando todos los acontecimientos a través de Twitter desde la propia calle Alcalá (y con el vello de punta desde el principio hasta el final).

Hace doce años, si te perdías un concierto, rezabas porque grabasen alguno de la gira y comercializaran. Hace poco más de 15 días, acudí (convencida estoy de que fue cuestión del destino) a la presentación del nuevo disco de Coldplay (ya hablaremos de él, me temo), que se emitió en streaming a todo el mundo.

Escribo estas letras desde un ordenador all-in-one con pantalla táctil de 21’5″, periféricos inalámbricos y conexión a internet de banda ancha. Entonces, 15″ me parecían el colmo de la enormidad y me acordaba de todos los familiares de los trabajadores de Microsoft por haber perpetrado el Windows Me (Gates, aún me la debes) y de mi propio árbol genealógico por haber permitido que mi padre lo instalase (gracias a Dior, tuvo buen critero y volvimos a Windows 2000).

A lo que voy con todas estas anécdotas de abuela Cebolleta es que ahora accedemos a la información, nos relacionamos, de una manera que en ese momento sólo podíamos soñar e intuir gracias a programas como Napster, o los que vinieron después (Audiogalaxy, Kazaa, Azureus, Ares, eDonkey2000, Emule…). El P2P era algo que no acababas de entender pero a la postre era fantástico y el email (mi primera cuenta fue con arrakis) era casi más una anécdota que algo que se usase de un modo habitual. Y aunque ha pasado mucho tiempo (o nada, según se mire)…

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2 comentarios en “Napster tiene 17 años

  1. He caído por aquí, y me ha divertido tu entrada, así que de las 1000 cosas de hacer en verano, no hagas ni 500, pero quédate por aquí!
    Yo no sé si seré tan abuela cebolleta, pero sí que me conectaba con el teléfono y mi madre venía a desconectar para llamar. Y ahora… Te escribo desde un móvil! Jajajaja

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