La culpa fue del Polaramine (o “And the Oscar goes to…”)

Hace unos días estaba yo en la ducha cantando a voz en grito aquello de “F*** you” de Cee lo Green cuando el dial cambió solo y saltó un “16 añitos, fie-ra-a-a” que me puso la piel de gallina y me hizo pensar que era una señal de que algo terrible iba a ocurrir. Efectivamente, unos minutos después descubrí que Ana García Siñeriz presentaba de nuevo los Oscars en C+. Quienes haya leído esto ya saben qué tipo de sensaciones me produce esa mujer. Ahora le añado el dudoso honor de ser la única persona que cuando sonríe mientras habla baja las comisuras (como un payaso triste) en una extraña e inquietante mueca. Miedito me da.

Y como las desgracias no vienen solas, resulta que yo ayer a las 21 horas, en lugar de estar cenando tranquilamente y preparando cosmopolitan a go gó para acompañar la gala, estaba en urgencias por una reacción alérgica que no sé por qué se produjo, llevándome de recuerdo un fabuloso e intramuscular chute de Polaramine. Resultado: caí redonda cuando llegué a mi casa y desperté a eso de las 00:30 gracias a los gritos de mi madre: “Sweet, que empieza y te lo vas a perder!!!”. Total, que tuve que luchar contra mis propios párpados (el que diga que los antihistamínicos no producen somnolencia no ha probado nunca uno), enganchar un cuaderno y un boli (que una es muy profesional y toma notas para luego aburrirles a ustedes con ellas) y me dispuse a ver la fiesta del cine hollywoodiense.

Al principio, como siempre, set de C+, la Siñeriz dirigiendo el cotarro, los de la Ser de paseo por allí antes de empezar su propio programa al respecto y varias conexiones con la fiesta del Círculo de Bellas Artes para enterarnos de cuáles son las quinielas de los actores patrios. También algún vistazo fugaz a la alfombra, pero nada reseñable. Hago en este momento dos menciones especiales:

–          Cristina Teva, periodista enviada a la mismísima alfombra roja para entrevistar a las celebrities que por allí pasen y se dejen. Me suelen gustar bastante sus mini-entrevistas, si bien, como allí sólo se suele preguntar “¿De quién es tu vestido?” y “Estás nervioso/a?”, cuando Cristina hace una pregunta algo más profunda pues a veces la miran un poco raro.

–          Para comentar la alfombra roja (que este año bautizo como la alfombra-fiasco, luego explicaré por qué), se llevaron al set una periodista que trabaja en La feria de las Vanidades (dicho en román paladino) y que una y otra vez hablaba de vestido “con los hombros al aire” en lugar de decir “escote palabra de honor”, que acertó el diseñador del vestido de Mila Kunis (que llevaba un impresionante Elie Saab de color lila) de pura chiripa y cuyo comentario más sesudo y profesional tenía un nivel de conocimiento en moda equivalente al de una niña de dos años. Fastuoso, vamos.

Así que allí estábamos mi hermana, mi madre y yo esperando la conexión con la ABC, esa cuenta atrás de 45 minutos en los que podemos cotillear a base de bien, comentar los estilismos y zambullirnos de lleno en el ambiente “oscareño” que tanto me gusta. ¡Ay amigos! Qué ilusa puede ser una. Porque el tiempo pasaba y pasaba y allí ni conexión ni nada parecido. Y de pronto… comenzaba la gala. “¡AAAAAAAAAAAAAAAH!” grité entre aterrorizada y cabreada como una mona. Porque no era suficiente con habernos tenido dos horas aguantando a la Siñeriz y a Colubi (en serio, los comentarios de adolescente supra hormonado que se ríe cuando oye “pecho” SOBRAN), sino que encima nos han dejado sin ver una de las mejores partes de la noche. Manifiesto mi absoluto cabreo y que sepáis que estoy buscando dónde puedo dirigir una incendiaria carta de protesta, porque NO hay derecho a esto. Que tenga que ver la alfombra en diferido y gracias a las galerías de fotos de una revista de moda no es de recibo.

Y ahora, destripemos la gala. Este año los presentadores han sido Anne Hathaway y James Franco. La primera estuvo divertida, natural, mostrando su vis cómica y me sorprendió gratamente cantando una versión de “On my own” de Los miserables en la que increpaba a Hugh Jackman (qué guapo es este hombre, por Dior) por no estar en el escenario contando con ella. Reseñables también sus múltiples cambios de vestuario (siete, nada menos), en los que pasó por Givenchy, Óscar de la Renta, Armani Privé, Atelier Versace, Vivienne Westwood y Tom Ford. Vamos, igualito que mi armario. Si a eso le sumamos que llegó al Kodak Theatre luciendo un impresionante Valentino rojo… Envidia siento. Sí señor. Diré, siendo un poco brujilla, que la cara de Valentino (que acompañó a la actriz a su llegada) comienza a tener un parecido sospechoso al de la señora churruscada de “Algo pasa con Mary”, dejando atrás el naranja valenciano que ha lucido en los últimos tiempos.

Ahora debería hablar de James Franco pero es que, excepto el momento en el que apareció vestido de Marilyn en “Diamonds are a girl best friends”, me pareció tan pálido y falto de expresión como Eduardo Manostijeras, con la diferencia de que Depp estaba entrañable y abrazable y Franco me daba miedito.

Supongo que el guión de Ricky Gervais en los Globos de Oro ha levantado muchas más ampollas de las que en su momento pude imaginar, porque las 3 horas (o más) de entrega de premios han sido ligeras, amables y absolutamente edulcoradas. Vamos, sosas. Me alegró mucho saber que se recuperaba este año lo de cantar en directo las canciones nominadas y debo decir que Gwyneth Paltrow no lo hace nada mal (ya lo demostró en Glee), pero sigo echando de menos puestas en escena como la de Blame Canada y que se nominen canciones más cañeras, que lo de anoche fue un tostón. Lo único que me divirtió fue la cantante de Florence + The Machine que iba de camuflaje, con un vestido de un color casi igual que el de su pelo y estuve jugando a buscarle la cara.

Otro detalle desastroso es que este año los Oscar honoríficos se han entregado en una gala aparte. Dicen que es posible que se haya hecho para atraer más público joven. Al público se le atraería si la gala no fuera eterna y aburrida. Créanme, que no todos tienen el aguante que tengo yo. Anyway, subir al escenario a Eli Wallach, Coppola y Bronlow a que saluden en plan Reina Madre pero sin dejarles decir una palabra me parece absurdo. Tal cual.

Y como me está saliendo una entrada kilométrica, lo dejo aquí y si luego tengo time continúo (aún hay que hablar de Kirk Douglas, de Bansky…).

Como decía Súper Ratón: “No se vayan todavía, aún hay más!!”

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