La buena acción diaria

Una tarde cualquiera en un aparcamiento subterráneo cualquiera. Nuestra heroína se acerca a la caja automática para validar el ticket de salida y encuentra a un señor que, a ratos la mira como confundido (a la máquina, no a ella) y a ratos intenta menearla sin mucho éxito (a la máquina again). Curiosa, pregunta cuál es el problema y el atribulado caballero contesta que una moneda de un euro se ha quedado “parada” en la rendija y no va ni para un lado ni para otro, por lo que no puede ni pagar él ni el que venga detrás, como nuestra prota. Ella hace ademán de irse a buscar otra caja y, de pronto, como si de una escena de una película se tratase, se quita una horquilla del pelo, la introduce en la rendija y, dando un pequeño tirón, hace que la rebelde moneda caiga en su mano sana y salva ante la atónita mirada de su único espectador. Se la devuelve con una sonrisa y tras abonar su estancia, con la labor cumplida como una girl scout del s.XXI, me dirijo  se dirige 😉 hacia su coche con una sonrisa velada en los labios mientras vuelve a poner la horquilla en su lugar, como si nada hubiera pasado.

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