El ¿otro lado? de la cama

        Lo reconozco: he perdido la costumbre de estudiar. En realidad, y para ser honesta, diré que no la tuve nunca. Pasé de estudiar los exámenes del colegio en la hora anterior a hacerlo la noche anterior durante COU y los tres primeros años de carrera. En 4º y 5º me esforcé un poco más e incluso iba a la biblioteca, pero yo los considero una “crisis” que pude superar :P. Esto viene a que ahora mismo estoy haciendo un máster de práctica jurídica (no digo estudiando, porque sería mentir) y me está costando horrores. Tiene el pro de que es a distancia y no tengo que ir a clase, pero el CONTRA (en mayúsculas porque para mí es tremendo) de que como nadie me controla, lo voy dejando y pasa lo que pasa.
        Esta noche (sí, sé que es sábado), estoy intentando ser responsable y avanzar un poco en el trabajo. Más que nada por no joderme las vacaciones. El caso es que tengo la TV puesta de fondo, por acompañar más que nada, y me han dado la excusa perfecta para dejar de lado mi tarea y regalarle todos mis sentidos a las imágenes que salen del tubito catódico:
– Interior de una farmacia. Día. Una farmaceútica con la cara borrosa dice lo siguiente (más o menos, que no me lo he podido aprender sobre la marcha): “porque claro, las niñas si ya tienen relaciones con 15 años y van con uno, con otro… a los 20, 25 ya están aburridas de todo y ¿qué hacen? vamos a probar cosas nuevas… y claro, pues con mujeres”.  Todo esto, a raíz de explicar su derecho a la objección de conciencia y por tanto a no vender preservativos. TOMA YA. También ha explicado a todos los ignorantes que vivimos en este país, que el uso del preservativo fomenta el número de abortos (idiota de mí, que pensaba que era al revés) o que es un acto deleznable al nivel del holocausto judío provocado por los nazis. Tal cual. Y se queda tan ancha.
        Me he quedado pegada a la silla. Y mira que yo soy una persona a la que le encanta el debate, que tengo amigos de muy distintas facciones, y entiendo que la pluralidad de opiniones, bien llevada, es más enriquecedora que otra cosa. Pero esto ya es excesivo. No sólo por la exageración y la comparación fuera de lugar, sino porque se están dando datos que científica y estadísticamente no son reales. Ahora, debo reconocer que he vivido una revelación: ahora resulta que la opción sexual depende del uso de anticonceptivos, y, deduzco, por ende, de la ¿”promiscuidad”? mal entendida por según que personas. Lo curioso de todo esto es que luego son esas personas, las que reniegan de libertades y derechos, las que más hacen uso de una ley que, de cara a la galería pisotean, y de puertas para adentro dan gracias al Todopoderoso por su existencia, y que es la ley del divorcio.
        Pero no nos desviemos del tema. Si el uso de preservativos, y por tanto la promiscuidad que es directamente proporcional al uso de los mismos (debo ser la idiota que se carga la estadística, como siempre), ¿las familias pías y numerosísismas que pueblan la piel de toro son las únicas que están a salvo de esa plaga de nuestro tiempo que es la homosexualidad? ¿Si uso condones acabaré tirándome a mis amigas? Madre de Dior, qué encrucijada. Esta noche ya no sé en qué lado de la cama acostarme Confundido
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