My little child

Leo con estupor en un periódico digital la siguiente noticia: una mujer es condenada por una falta de vejación injusta a 4 días de localización permanente y a no acercarse a menos de trescientos metros de su hijo o comunicarse con él durante seis meses, por haberle gritado en presencia de unos compañeros en la puerta del Instituto. La sentencia ha sido confirmada por la Audiencia Provincial de Murcia.

Como en la mayoría de las noticias que tienen que ver con temas judiciales, lo que nos llega a nosotros es el desenlace de la película y no el planteamiento y la trama. No sé en qué términos se expresó esa madre públicamente, ni tampoco sé por qué recriminaba a su hijo. Quizá se pasó y merecía un tirón de orejas. O quizá no, y la están sacando seis meses de su casa sin justificación tangible. Lo que me preocupa, y esto lo he comentado con gente cercana muchísimas veces, es el cada vez mayor intrusionismo judicial en la vida diaria de las personas. Y el poder (sí, he dicho poder) que con esto se otorga a determinados miembros de la sociedad. Se acabaron aquellos tiempos en que los menores tenían respeto a sus mayores. No me refiero a miedo o temor reverencial, impuesto a base de la pedagogía de la hostia limpia. No. Hablo de simple y llano respeto a la autoridad que podían representar los padres, y que actualmente está en vías de extinción.

Es fácil escucharme comentar que paso más miedo yendo a los Juzgados de Menores que a los de adultos. Puede chocar, pero cualquiera que conozca ese campo sabe de lo que hablo. Salvo contadas excepciones, nadie les ha puesto nunca un límite de modo que no tienen freno en lo que hacen. Tampoco es extraño en los tiempos que corren escuchar a un chaval decir algo como “a ver si te atreves a tocarme, que soy menor” o “me da igual, como soy menor no me va a pasar nada”. Incluso amenazar a los padres con denunciarles a la primera de cambio. Como le debió ocurrir a esta mujer, porque si la denuncia no la formuló su hijo no se me ocurre quién pudo hacerlo. Y a estas alturas yo me pregunto: ¿nos estamos pasando y sobreprotegiendo a los menores? ¿Se va a volver todo esto en contra de quien trata de poner las normas (y no me refiero sólo a las leyes)?

Yo tengo la respuesta muy clara. ¿Y vosotros?

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2 comentarios en “My little child

  1. Cría cuervos, que te sacarán los ojos…. Soy de la opinión que hay que ser tolerante, pero está claro que si hasta cierta edad los niños no tienen uso de razón, un cachete (que no una somanta de hostias….) viene bien. No existe el mito del padre/madre (hay que ser políticamente correcto ahora) amigo, es una falacia. A los padres hay que tenerles respeto, por lo menos a la gente que te cría puesto que sin ellos no eres nada. Ahora toca a los padres modernos (recién estrenados los \’ta y tantos\’) ser represivos….En cuanto a los politicuchos y demás seres del inframundo social, nos invaden las vidas. Señores, esto es cada vez más un Big Brother, y si no, tiempo al tiempo… vamos camino de americanizarnos hasta extremos insospechados… yo ya estoy pensando hacer hueco en alguna pared para instalar la cámara del estado opresor de aquí a unos años…eskaralakktua

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