En Berlín no hay nada que ver

 Al menos esa es la razón que argumentaba mi vecina para “saltarse” la capital teutona en un viaje que hizo a aquellas tierras. El caso es que yo siempre he sido curiosa y no me lo acababa de creer, de modo que decidí que en cuanto pudiera iría a comprobarlo y eso es lo que hice la semana pasada junto a tres amigas. A eso de las 7 de la mañana estábamos todas en la ya famosa T4 del aeropuerto de Barajas (en mi caso, con más sueño que otra cosa) para comenzar nuestra aventura.

 Debo decir que tras cinco intensos días de caminatas, en los que pasé más frío del que se pasa en Vladivostok (no he estado, pero me lo imagino), puedo asegurar, con un margen de error del 0’0%, que en Berlín SÍ hay cosas que ver. Muchas. Algunas preciosas. Valga el famoso busto de Nefertiti como ejemplo. O el altar de Pérgamo. O la Isla de los Museos. O “Unter den Linden” (“Bajo los tilos”, el paseo imperial). O el Reichstag. O Checkpoint Charlie. O Postdamer Platz. O … No es una ciudad que “entre por los ojos”, como puedan ser Londres o Ámsterdam, pero tiene un “algo”, un encanto especial. Sobre todo, porque es imposible dar un paso sin darse de bruces con la Historia, de la que, para bien o para mal, ha sido protagonista durante una buena parte del siglo pasado. Yo recomiendo encarecidamente que cualquier persona que vaya de visita no se pierda los “Free tours” que salen todos los días desde la Puerta de Brandemburgo (los hay en español), guiados por universitarios, que son un modo fantástico de no caer en el turismo borreguil de “monumento-foto-monumento-foto-foto de grupo-monumento…” y así ad infinitum, sin preocuparse de lo que hay detrás. Se aprende mucho. Berlín me ha hecho pensar (aunque un buen amigo mío diga que para eso está Praga 😉 ). Sobre todo y sobre nada. He pasado revista a ideas que rondaban mi cabecita desde hace tiempo y he llegado a algunas conclusiones. Me ha venido muy bien.

 Por supuesto, y como veréis en la foto que ilustra ahora mi perfil, Norte vino conmigo (el koala también). En concreto está posando en el monumento al soldado desconocido (que está en el Tiergarten), y, también por supuesto, me miraron raro mientras la sacaba XD. Esa no ha sido la única anécdota del viaje. Como diría una amiga mía, aprendimos en alemán esencial para sobrevivir:

          Distinguíamos entre “damen” y “herren”, lo cual es básico para poder adivinar en qué aseo debes entrar.

         Sabíamos el nombre de nuestra parada de Metro (o U-bahn): Brokebackburger (que en realidad era Mockenbrucke, pero sufrió una “pequeña” transformación cuando tratamos de aprendérnosla).

 El transporte público es también digno de mención. En el mismo plano mezclan metro, cercanías, tranvías y autobuses. Los dos primeros complicados de distinguir, porque van tanto sobre como bajo tierra a ratitos de modo que no entendíamos bien la diferencia. Pero acabamos apañándonos y bastante bien. Así mismo, no hay que saltarse una excursión a un supermercado de barrio porque son toda una aventura. Eso sí, el 80% de los productos son o llevan patata entre sus ingredientes, hay un 5% de comida asiática y un 15% de cerveza. Bueno, es posible que los porcentajes no sean del todo fiables, pero no es fácil hacer la compra fiándote de los dibujitos de las tapas porque no entiendes nada :D.

 El último día, la cosa se puso graciosa. Además de hacer un frío glacial, empezó a llover. Bueno, a diluviar. Y nosotras, de excursión para ver “la madre de todos los mercadillos de segunda mano” (y que sólo por curioso, merece la pena). Claro, nos calamos. Es más, mis botas hacían “chof chof” y me tuve que comprar unos calcetines para cambiarme. Cuando en el vuelo de vuelta empecé a toser, sabía que había vuelto con premio y ¡voilá! hace cuatro días me diagnosticaron una laringitis, que me ha tenido encadenada a la cama entre fiebre y dolores infames de cabeza. Pero, ¿sabéis una cosa? El souvenir ha merecido la pena.

 

Anuncios

5 comentarios en “En Berlín no hay nada que ver

  1. puag….berlin, berlin…. me va usté a comparar la puertecita esa de brandernosqueff de ese villorio con las excelencias de la monumental villa de parla…(espero que se haya notado lo suficientemente la envida que me supura por todos los poros)…

  2. Yo apenas pude escaparme dos medios días para ir a conocer el centro de Berlín (el verano pasado estuve un mes trabajando a una hora y poco de Alexanderplatz en cercanías), así que no conozco la ciudad tanto como tú, pero, aun así, me pareció fascinante; si me apuras, más que Londres (Amsterdan me gustó, pero es un pueblecito). Aunque, claro, lo de hablar alemán (aunque sea como yo lo hablo, jeje) sí que contribuye a aprovecharla más. En fin, ahora tengo a una buena amiga viviendo allí, así que ya me escaparé cuando vuelva.
     
    PD: ¿La madre de todos los mercadillos de segunda mano? 😮 dónde está eso? En Prenzlauer Berg? Fuiste al museo judío? Impresionante.

  3. Jo, qué envidia, Berlín… lo sé, lo sé… es que soy un viajero compulsivo… 😉
    Bueno, pues bienvenida de nuevo… ahora recupérate de esa laringitis, ¡y escribe!.
    Espera… para escribir no hace falta tener voz… bueno, ¡escribe!
     
    Muchos besotes (\’besoten\’, en alemán)

  4. para cualquier duda del idioma, consulten al apellido que firma 😉
    Y Berlín, es, sin duda, una de las ciudades más increíbles de Europa! Por si alguien lo duda. Así que dile a tu amiga que se compre un bonohotel y se haga una gira por Soria… jijiji (sin faltar a los de Soria eh!!)
     
    Y aquí te dejo esto que escribí
     

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s