Marathon girls

No hay que hacer planes, porque las cosas nunca salen como uno piensa. Anteayer mi idea era comer en casa de una amiga, tomar un café con los amigos de otra, cenar en casita tranquilamente y actualizar. De todo eso, lo único que se cumplió fue lo de la comida, que se juntó con el café, la merienda y la cena. Tiempo total: 11 horas y media. Y lo que es más tremendo: 11 horas y media de conversación ininterrumpida. Entenderéis que siga con voz de cazallera.

 Primero alrededor de una mesa, y luego ocupando sofás, butacas e incluso la alfombra, mis amigas y yo dimos un repaso a todo lo divino y lo humano. Hablamos de moda, de Sanidad, de la vida (from the craddle to the grave), de trabajo, de casa, de economía, de otr@s, de nosotras… Somos un grupo de lo más heterogéneo, tanto “en forma” como “en fondo” lo que supone que este tipo de eventos siempre sean de lo más animado. Y más aún teniendo en cuenta que no nos cortamos a la hora de expresar nada o de decirnos las cosas tal y como son.

 Está claro que el paso del tiempo espacia nuestras reuniones cada vez más, y que resulta cuanto menos gracioso vernos cuadrando agendas, pero cuando la conjunción astral es la correcta y los dioses nos son propicios, merece la pena volver a perder la voz y llegar a casa muerta del cansancio, pero feliz.

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3 comentarios en “Marathon girls

  1. 11 horas de charleta en buena compañía… para aguantar eso no hace falta ningún tipo de estimulante artificial; quién las pillara. Un beso desde aquí,Álex

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