Cuento de verano (II)

Fue el olor del café y las tostadas lo que me despejó.

Desde el sofá te ví en la cocina preparando un copioso desayuno, aunque ya estaba cerca el mediodía. Te acercaste a mí con una bandeja enorme y una sonrisa más grande aún, que se convirtió en carcajada cuando me viste engulléndolo todo. Estaba claro que la tensión y la aventura habían azuzado mi apetito. Resultaba curioso que no me sintiera tensa ni incómoda, y que a ti te pasara lo mismo. Como si fuera lo más normal. No sé muy bien cómo lo hiciste, pero me convenciste sin darme cuenta de que debía volver a casa; es más, conseguiste que pensara que era la mejor opción. Me pediste un taxi, me acompañaste a la calle y permaneciste en la acera, diciéndome adiós con la mano, hasta que te perdí de vista.

Cuando llegué al portal, posé el dedo en el timbre pero no lo apreté. Tardé un rato en hacer acopio del valor suficiente, del valor que nunca había tenido, para hacerlo sonar. Antes casi de que se hubiera extinguido el sonido, mi madre abrió la puerta y me estrechó entre sus brazos mientras reía y lloraba, y me besaba la cara, y me pedía perdón. Y yo reía, y lloraba y pedía perdón y prometía no volver a hacerlo nunca. Cuando conseguimos calmarnos y entrar en casa, me contó que después de irme, la discusión siguió y siguió hasta que vió la verdad del hombre con el que compartía su vida y tomó la decisión más dura: decirle adiós. Antes de que yo pudiera decir nada, porque me conoce como nadie, me aseguró que era lo mejor que había hecho en su vida, y que sentía muchísimo no haberse dado cuenta antes y haberse puesto de mi lado.  Hicimos firme propósito de arreglarlo todo entre nosotras, porque éramos lo único que teníamos.

Así empezó una temporada nueva y maravillosa en la que comenzamos a construir nuestra relación madre-hija desde cero. Los días pasaban, y con ellos volvía la estabilidad a mi vida. Hasta que un atardecer, más o menos un par de meses más tarde, sentada en la ventana de mi cuarto y observando el atardecer, te recordé. Habían pasado tantas cosas que no había vuelto a pensar en esa noche desde que regresé a casa. Asomó a mi cara una media sonrisa, recordé tu olor y el color de tus ojos, y sentí ganas de verte. Entonces, como un jarro de agua fría, la realidad cayó sobre mí: ¡no sabía cómo te llamabas!. Y por más que me devané los sesos, no era capaz de recordar tu dirección, pues vivías en una zona de la ciudad que yo no conocía. ¡Cómo pude ser tan idiota! La sonrisa se fue tan rápido como había venido, y se convirtió en una mueca de decepción, mientras luchaba con mis ganas internas de tirar un muro a cabezazos. Durante días intenté recordar un detalle, una señal que me diera una pista para poder localizarte, pero fue en vano. Mi humor se ensombrecía por momentos y no había nada que se pudiera hacer para cambiarlo. Me quedaba como ida en cualquier parte, soñando con tu sofá y tu aliento en mi cuello.

Una noche, a finales de Agosto, salí a dar una vuelta con unas amigas pero cuando decidieron retirarse yo me quedé dando una vuelta. El viento y los nubarrones presagiaban tormenta, y a mi siempre me han gustado. Minutos después llovía sin tregua, como si las compuertas del cielo se hubieran abierto para no cerrarse nunca más. Caminé sin rumbo, y sin proponérmelo llegué al semáforo donde nos vimos por primera vez. Estaba en rojo y me paré a esperar. El agua chorreaba por mi pelo y tenía la ropa empapada. Entonces, alguien tocó mi hombro. Me asusté. Y cuando iba a girarme escuché junto a mi oído una voz familiar y esperada que decía: “¿No irás a cruzar sin mirar otra vez?”, y mientras me abrazaba por la espalda sentí que todo era como debía ser.

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10 comentarios en “Cuento de verano (II)

  1. CorazónVarado, merçi… Yo pensaba que los que nos dedicamos a magrearnos el corazón estabamos al borde de la extinción absoluta XD ¿Hay mejor manera de sentirse vivo?Besines!

  2. Y tenía que estar lloviendo, ¿no? Ahora ya no puedo quitarme de la cabeza la imagen de ella empapada esperando en el semáforo. Algo así como el tremendo plano de "Los puentes de Madison".Ya sabes que tras el final se aplaude. Y tras el aplauso se pregunta…¿para cuándo la próxima? :DSaludines!!

  3. francamente observo que sabes sintetizar en mínimas palabras lo que sientes y padeces. Jejeje, en cualquier caso, es un alago (sin ache, que no existe y nada significa) y casi como un bocata de chorizo fritito. Ahí es na, como er beti…

  4. a veces hecho de menos, que no mucho pues lo odio, el viento en tus cuentos, de tal manera que me des un motivo para volver a entablar la relación viento-yo que tan lejos veo (como esas tardes de molinillo de idem) Besos.

  5. q bonita historia, no se si sere capaz de volver a cruzar un semaforo bajo la lluvia sin desear q alguien me toque en el hombro! 🙂 sigue escribiendo, me encantan tus historias

  6. Hi!Harry, sin la lluvia me habría faltado el tópico, y no sería lo mismo… Y la próxima… en cuanto las musas quieran XDElPaBLeT, suelo ser persona de extremos…nele__, ya llegarán el viento, y el sol, y el mar… dales tiempoevallest, a mí también me gustaría! :PGracias a todos

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