Mrs. Robinson, are you trying to seduce me?

Empiezo a darme cuenta, no sin cierta alegría, que no soy la única persona de mi entorno con imán para las situaciones surrealistas. No creáis, que lo de las analogías (salvando todas las distancias que haya que salvar en cada caso) es un alivio. Una de esas personas, R., me ha pedido que os cuente a través de mi pequeño espacio una estupenda anécdota que protagonizó ayer en el transcurso de una divertidísima tarde, que tiene que ver con el título del post salvo porque la banda sonora no fue de Simon & Garfunkel, sino la samba de Carlinhos Brown. R., darlin’, va por ti XD.

El escenario: el Paseo de la Castellana abarrotaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaao de gente.

La banda sonora: Samba y más samba.

El prota: R., compañero de charla, confidente  y últimamente compañero de juergas nocturnas (aunque él diga que me aburro :P)

La acción: con ganas de fiesta y de mover las caderas nos plantamos en la arteria madrileña G., C., R. y yo. El caso es que cuando yo digo por ahí que Madrid es un pueblo, nadie me cree, pero ayer se demostró que mi teoría es verídica al 100% cuando de repente R. sale corriendo, cámara en mano, y se pone a hacerse una foto por sorpresa con una chica, y tardo cosa de un segundo en procesar la siguiente información: es su exnovia. Ya es casualidad que entre tantísima gente fuéramos a ponernos a su ladito. Con una divertida curiosidad observo la escena, cuando, de pronto, la siguiente frase llega a mis oídos: “mirad, este es el exnovio de mi hija, y actual novio mío”. O_o (cara de R. y mía). Menuda presentación que se ha marcado la exsuegra del niño con sus amigas… En fin, lo tomamos como una bromilla sin mayor trascendencia y desviamos nuestra atención a lo que nos había convocado: la juerga y el bailoteo.

Y hubo de ambos, a raudales. Comenzamos en un lateral, pero terminamos como buenos fiesteros (y suicidas, como luego se demostraría), justito delante de la caravana de Carlinhos, dando botes y bailando entre la riada humana. Desde aquí, propongo la canonización de los coches de bomberos, desde los cuales fuimos regados como si de un campo de golf se tratase y que nos salvaron la vida. Problema: era completamente imposible que todo el mundo se moviera a la vez, o por lo menos que avanzase, de modo que casi sin darnos cuenta nos encontramos en medio de una avalancha-tapón (sé que son cosas muiy distintas, pero prometo que se dieron a la vez), en la que G. se nos perdió, agitando un brazo como si se la llevara el mar. Allí quedamos R., haciendo de parapeto humano, C. y yo. Era muy difícil no caerse, lo que hubiera supuesto una muerte segura, mientras la marabunta te llevaba en todas direcciones sin poder controlar ni un mínimo tus pasos. Hubo un par de veces en que se hacía muy dificultoso respirar. Y mientras, escuchaba una voz a mi espalda que decía “ay, ay, ¡que pierdo una chancla!”, “ay, ay, ¡que pierdo la otra!” y yo no acababa de quién era, hasta que en un momento de calma, miro los pies de C. ¡y está descalza!. 0~0*

Pudimos por fin salir de nuevo a un lateral, entre otras cosas porque en el suelo había cristales y era peligroso para C., y fue cuando empezó la que de ahora en adelante voy a llamar “la odisea de la chancla”. C., que es una chica de recursos, no tardó en “calzarse” dos bolsas de aperitivos de queso (no pongo nombre porque paso de hacer publicidad) para evitar ir limpiando el pavimento madrileño con las suelas de sus pies (aunque no tenían ya mucho arreglo) y buscar un poco de comodidad. Al poco tiempo, las cubrió una segunda capa a base de bolsas de supermercado atadas con las asas a sus tobillos. Iba como una reina. El caso es que entre las dos carrozas la gente estaba más espaciada, y al grito de “¡C., una chancla!”, solucionamos la mitad de la situación. Al ratito, se repitió la escena, pues más gente debió quedar descalza (al menos de un pie) al paso de la cabalgata carnavalesca. El problema: las dos chanclas eran del pie izquierdo, y una con la suela más gruesa que la otra. Pero C. no se arredró ante los inconvenientes y se las calzó, para así poder deshacerse de las bolsas que hasta ese momento habían sido su calzado. Y así iba ella, medio cojita, pero contenta (y cómoda, que es más importante). Os diré que al rato encontramos otra chancla, por fin del pie derecho y también finita, y esta anécdota tuvo final feliz, aunque la frase de “C., ¡busca una chancla!” va a dar mucho de sí. Ah! y también recuperamos a G., que como el hijo pródigo, estuvo perdida pero volvió.

El caso es que en este tipo de aglomeraciones, cuando tienes un encuentro casual, hay una cierta tendencia del Universo a provocar su repetición, de modo que un tiempo después  se produjo de nuevo. Esta vez, la exsuegra de nuestro alucinado protagonista pone la puntilla a la ajetreada tarde:

– en un primer momento, tras proponerle una foto juntos, le agarra un cachete (y no de la cara precisamente). O_o de nuevo. Que vale, que estaba calado y se le transparentaba el gallumbo, pero no es excusa…

– acto seguido, casi sin darle tiempo a recuperarse,  le agarra de ambos mofletes y se lanza a darle un beso, aunque en el último segundo amaga y se lo planta en la mejilla. O_O* elevado a la enésima.

No sé yo muy bien qué se pasaría por la cabeza de R. en ese momento, pero yo veía a Dustin Hoffman y Anne Bancroft a cámara rápida, mientras imaginaba a R. diciendo “Mrs. García, are you trying to seduce me?” poniendo cara entre asombrada y con morritos, y trataba de encajar la letra de “Mrs. Robinson” en los timbales. Cuando él vino hacia donde estábamos el resto, lo único que pude decirle fue “sin comentarios”. Yo, ver, oír y callar.

Os diré, lectores míos, que R. se estuvo partiendo toda la noche al recordarlo, cuando la cara de asombro se lo permitía. A mí, me queda la constancia de que una vez más, la realidad supera a la ficción, ¡dónde va a parar!

La noche terminó en un parquecillo, cenando pizza y recordando los mil momentos que la tarde nos había brindado. ¿Se puede encontrar un broche mejor?

Disclaimer: obviamente, hay partes de este post (las justas) falseadas para mantener la intimidad de sus protagonistas, pero prometo que la acción fue tal y como la he descrito.

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Aunque no viene al hilo del post, mil gracias Pablito por el día de hoy. Eres de lo que no hay.

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5 comentarios en “Mrs. Robinson, are you trying to seduce me?

  1. Bueno, el siguiente paso: una novela! jejeje, notenfades, q sólo lo comento xq escribes mucho (y no sace aburrío!). Yo con cuatro líneas ya me he vaciao, xo eso es ota historia…Sólo decirte que me siento identificadísiisisisimo con parte de tu historia. Jejeje, esos bomberos no sé si hicieron más mal que bien, xo al fin y al cabo la tarde-noite estuvo mu chula.Post interesantes y amenos, jau! Ausssssss

  2. Ande luego, reina, lo ke no te pase a ti….. 8^)Un nuevo día…para olvidarse del conformismo y no pensar que ya lo hemos dado todo en la vida. Si piensas que ya lo has dado todo, solamente te estás negando la oportunidad de ser mejor. Piensa a cada momento que todo lo que hagas puede ser aún mejor….. !!!!!!

  3. Por fin un blog q habla de algo q me interesa de ese dia!!! q alegria me das xikilla, ya estaba hasta las narices de dar opiniones..Por lo q he leido tu debias ir mejor calzada no? La verdad es q es moda ir cn las chanclas pero son lo menos util q he visto, se pierden y se rompen mas rapido de lo q me comeria un donut tras una huelga de hambre.Bueno, q keria decirte q la suerte q me has venido deseando parece q empieza a surtir efecto, asi q muchas gracias!!! Un besote. Ns vemos!!

  4. ElPaBleT, la verdad es que normalmente se me da bastante bien resumir, pero aquí me lío y no paro…^^ Bienvenido a mi humilde espacio.Franky, qué sabio eres…Besines!

  5. Julio, darlin\’!! la alegría me la das tú a mí!! si hay que seguir deseando suerte, se sigue, y si es necesario se encienden velas y tó. Faltaría más!!! Y sí, yo llevaba sandalias, pero de las que se atan al tobillo, que yo descalza en mi casa, en mi jardín y en la playa. La Castellana no entra en mis planes.Un besote!!!

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