Lost in cement

Me gusta mucho guardar cosas. A mi madre la trae de cabeza, pero yo no lo puedo evitar. Porque cuando las veo, recuerdo el momento, la situación que me decidió a hacerlo. Al igual que las fotos, es un buen modo de coleccionar momentos. Incluso tuve una época (para desgracia de todos mis amigos) en la que cuando se salía a cenar o íbamos a tomar un café la mayoría de las veces obligaba a mis acompañantes a que me firmaran/dedicaran una servilleta, un posavasos, la cuenta… y una vez o dos resulta gracioso, pero con lo pesada que soy, no sé cómo no me dejaron por ahí abandonada, porque me lo llegué a merecer. Ahora están todas en una caja y las leo de vez en cuando.

El caso es que de mi más tierna infancia (pongamos entre los 5 y 11 años, edad a la que ahora los niños saben arameo si les dejas) no hay servilletas, ni cuentas de restaurantes, ni flyers, ni maratones de fotos. Por no tener, no tengo las invitaciones de mis cumpleaños (¿recordáis cuando las invitaciones se compraban en paquetes y las rellenabas con toda la ilusión para repartirlas a los amigos?), pero sí que me quedaban cientos de recuerdos asociados a los alrededores de mi casa. Sí, he dicho quedaban, porque en cosa de tres años, la mayoría de lo que la rodeaba ha pasado de ser un acogedor erial con el antiguo cauce de un arroyo y todo a convertirse en varias urbanizaciones de pisos (horribles, btw) fruto del ramalazo constructor que le ha dado al alcalde de mi pueblo. Y en cierto modo no he sido verdaderamente consciente de la pérdida hasta hoy.

Por avatares del destino, mi padre se ha cargado esta tarde una tubería de agua usando una sierra circular (pero esa es otra historia, que deberá ser contada en otro momento) de modo que me he tirado 2 horas recogiendo agua contra reloj con una fregona y luego me ha tocado sacar al perro mientras mis padres terminaban de arreglar el destrozo. El caso es que me lo he llevado a un camino de arena a un par de calles de mi casa, y he comenzado a recordar el momento en el que recorrerlo era toda una excursión, cuyo destino era una depuradora cercana (no porque nos gustase la depuradora, sino porque estaba algo lejos de casa y para mis amigas y para mi era toda una aventura). Desde ese camino puede verse una hondonada, por la que discurre un arroyuelo y en cuyas orillas hay unos chopos preciosos que en otoño son una maravilla de colorido. Pero cuando he buscado los chopos con la mirada, había un viaducto delante. Y cientos de chalets al otro lado. Se me ha encogido el estómago. Al volver a casa entre los pisos horribles, he intentado buscar mis lugares favoritos, pero donde antes había un pozo (con leyenda urbana y tumba de perro cercana incluídas) en el que he pasado algunos de los momentos más divertidos e hilarantes de mi vida, tanto de niña como de adolescente, ahora hay un local comercial. La cuesta por la que me caí rodando cuando tenía unos 8 años (¿véis como lo llevo en los genes?) ha desaparecido bajo edificios de tres alturas, junto con los restos de trincheras. La explanada en la que llegamos a plantar una tienda de campaña para que no nos diera el sol un día que fuimos a comer al campo, está asfaltada. El “Club de los niños” (una casa ruinosa, que nadie sabe por qué no se nos cayó encima y que debía datar de la Guerra Civil como poco) ya es sólo un recuerdo en nuestras memorias. Incluso el vértice geodésico, que tardamos mil años en averiguar qué era, pero que nos sirvió de fortaleza para cientos de juegos, lo han cambiado de sitio.Ya no podremos decir “¿Recordáis el día que aterrizó un globo aerostático allí al lado y nos dejaron ayudar a plegarlo?”, “¿Y el día que Xxxx tiró un petardo sobre plantas secas, se incendiaron y acabaron viniendo los bomberos?”  señalando el sitio exacto, porque, como tantos de esos momentos, están ahogados bajo el cemento.

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6 comentarios en “Lost in cement

  1. Aiiissss. Todo es diferente porque ha cambiado y porque nosotros hemos cambiado. Yo ahora salgo de casa y no veo mi infancia. Sé que está por ahí, enterrada bajo toneladas de ladrillos y cemento, junto con varios tesoros que esperábamos recuperar de mayores y que creo que, al igual que la inocencia, hace tiempo que perdimos.Y lo peor de todo es que no sólo han ahogado nuestros recuerdos, sino que han evitado que muchos niños los tengan. Ahora llega el verano y yo recuerdo no entrar en casa, de aventura en aventura, de juego en juego. Eso también pasó a la historia por aquí. ¿Qué recordarán estos niños? Tú recuerdas lo del globo aerostático, lo del petardo; yo recuerdo una cabaña que construimos con cuatro maderas y ocho clavos, que sorprendentemente se mantuvo en pie todo un verano, recuerdo salir un día a la aventura hacia las ruinas de un castillo, recuerdo…mil cosas.Quizás debamos alegrarnos de tener algo más que recordar que un "¿Te acuerdas de cuando me pasé el nivel 9?" (todo esto por el messenger claro) aunque tengamos que hacerlo mirando al portal número 18.

  2. Suerte que tuviste, cuando yo era pequeño iba a un colegio lejos de mi casa, y en mi barrio el unico parque que habia no se podia estar (eran los años 80 en la epoca chunga de la heroina). Asi que tenia que esperar a los fines de semana para poder disfrutar un poco.No puedo estar de acuerdo con Harry, de nosotros decian lo mismo, no se si la infacia de los que viene sera mejor o peor, pero siempre tendemos a idealizar la nuestra y juzgar la de las nuevas generaciones como peor (complejo abuelo cebolleta).El otro dia salia en el telediario que el juguete preferido sigue siendo la bici o sea que las cosas no han cambiado tanto, y que a los niños lo que mas le gusta es jugar en compañia, vamos como toda la vida y nosotros tambien teniamos ordenadores y no por ello dejabamos de jugar al rescate.

  3. Mmmmm…sí pero no. Por mucho que se idealice la infancia, nuestros padres "jugaban" mucho más y nosotros más que los de ahora. ¿El motivo? Muchos. No sé. No había tanta televisión, no había ordenadores (nuestra generación no tuvo ordenadores; tienes 26, ¿no? Pues o comenzaste con el TR-80 o ya me dirás), había más espacio, no teníamos tantas actividades extraescolares…no sé, mil cosas supongo. Yo no veo niños jugando, y haberlos haylos porque les veo ir al colegio. ¿Los parques? Sí, hay niños con sus madres, pero yo me refiero a otra cosa.Me alegro que les siga gustando andar en bici, y estar acompañados. Normal. Pero también sale en el telediario que el regalo más pedido es una PlayStation o similar.Vamos, que los niños siguen siendo niños, pero es diferente. Y me resisto a creer que sea cosa mía.

  4. Hi boys!!Yo no creo que tendamos a idealizar nuestra infancia, sino que veo cómo es la de ahora y no puedo evitar comparar. Para mis amigas y para mí, una caja de tizas nos servía para entretenernos durante días (ya fuera dibujando casas "tamaño real" -el "plano", se entiende-, o haciendo la chorrada de teñir sal con ellas para rellenar botes y ponerlos de adorno) y para la mitad de nuestros juegos la sola imaginación era elemento más que suficiente. Tengo varios primos pequeños, y cuando juego con ellos y me pongo a hacer el cabra, sacarlos de las series de tv y aledaños es todo un triunfo, de verdad.Es una tristeza que tener una INFANCIA se haya convertido en un lujo…Besines!!

  5. JOder es verdadSoy testigo de esta situación, y también partícipe de esa sensación tan rancia. Ahora para sacar el perro hay que mirar a izda y derecha porq un coche puede atropellarte; antes tan solo tenías q mirar bien al suelo para no pisar una caca.Lo más jodido de todo esto, es que lees una entrevista que hace el periódico a nuestro queridiiiiiiiisimo alcalde(no desvelaré el nombre, xq la dueña del Blog no soy yo, no es x falta de ganas), y dice que lo que más le gusta, es dar paseos por el campo…y yo me pregunto; si vivimos en el mismo pueblo, ¿dónde estará ese campo??????. Tú lo sabes carol???, xq yo no. Eso si, rotondas LAS QUE QUIERAS

  6. Aran, me temo que cuando dice "campo", sólo se puede referir a las cuatro plantas que pone en cada rotonda, porque si no, no sé de qué hablará… Yo soy firme partidaria de acabar todos los días de las fiestas de este año en su casa, que como alcalde también tiene derecho a disfrutarlas. Un besote hermosa!!!!

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