…cinco, seis, siete, ocho!!

Estoy para el arrastre. En los últimos años los únicos deportes que he practicado han sido el tumbing, el zapping y algo de bailoteo los fines de semana. Así no es de extrañar que al salir de clase de danza esté como si me hubieran pegado una paliza o si la manada del coronel Hathi me hubiera utilizado como alfombra para algún desfile. Porque la nena, aquí donde la leéis, va a clase de danza oriental. Vosotros diréis: “ooooooooooooooooooooh, qué chulo!”. Y claro que lo es, pero cuando baila mi profesora. Jajaja

Mi afición nació en el viaje de paso de Ecuador de la facultad, en el que fuimos a Túnez. Allí tuve ocasión de verlo bailar varias veces y me dije: “esto tengo que bailarlo yo”. Al volver a Madrid, entre la vuelta a la rutina, las clases y, porqué no reconocerlo, lo vaga que soy cuando le pongo empeño, pues lo fui dejando pasar. Ya era la típica coletilla: “tengo que apuntarme a esto algún día”. Pero ese día nunca llegaba, hasta que una noche, hablando con una amiga y sopesando las posibilidades de comenzar alguna actividad lúdica, comenzamos buscando galerías de tiro y terminamos buscando academias de danza oriental (no preguntéis). El destino vino a mi en forma de web, porque resulta que ¡había una academia al ladito de mi casa y yo sin enterarme! A mi amiga no le venía muy bien, pero yo no me arredré. Era una señal. De modo que engañé a una amiga (Aran, va por ti) y a mi hermana y nos fuimos a una clase de prueba. Nos gustó tanto que casi ni nos pensamos lo de apuntarnos o no, y nuestro entusiasmo arrastró también a la hermana de Aran. Ya era un hecho.

La verdad es que desde que empecé, no cuento más que maravillas: como ejercicio es estupendo, porque utilizas todo el cuerpo; mi profesora, que es un sol, hace las clases muy amenas; y para colmo, durante esa hora te olvidas de todo y sólo piensas en cómo medio repetir lo que ella hace sin dislocarte nada y con toda la gracia que puedas, así que también descansas de la vida diaria. Un pack completísimo. Debo decir que supone también un gran ejercicio de concentración, porque consiste (mis clases al menos son así) en ir aprendiendo pasos para luego ir entrelazándolos al ritmo de la música y hacer pequeñas “series”, y hay que conjugar memoria, coordinación, sentido del ritmo y toda la gracia de la que te puedas valer. Ahí es nada. Teniendo en cuenta que a mi Dios (o Alá, o Cernunnos, o Astarté…) no me dotó de gracia y la coordinación la pierdo por momentos (ha habido un momento épico en la clase de hoy), pues verme bailar efectivamente es todo un espectáculo. Aún así, yo es algo que recomiendo a todo el mundo. Y ya que estoy, os aviso de que el domingo a las 20:30 hay un espectáculo de danza oriental en la sala Galileo que va a estar estupendo (parezco una agenda cultural).

Que tengáis un buen día!!!

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2 comentarios en “…cinco, seis, siete, ocho!!

  1. Jaja, me vale cn esa, me vale. No le hagas ni caso a Khorne q solo llega antes a los blogs xq lleva mas tiempo viciao cn esto…XD, lo de las clases q dices q vas a tomar y q luego nunca es el momento….me suena muchisimo, jeje. Cualkier dia me apunto yo a clases de chino!! Aunq no se como voy a hacerlo si no domino ni el español, jejeje. Otro ratico me paso, Besicos!!

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