Dulce reencuentro

Llevaba casi una semana sin saber de él. Otras veces había tardado en tener noticias, pero nunca había pasado de los tres días. Y claro, yo ya estaba como loca, al borde de la depresión, porque dime tú qué razón iba a tener para no querer volver a verme. Nos entendemos tan bien que casi podría decirse que llevamos toda la vida juntos. Como siempre en estos casos, una empieza a repasar (mal hecho, ya que estamos): ¿Qué he hecho mal? ¿acaso no estaba allí cuando me necesitaba? ¿no he hecho siempre lo que me ha pedido?

Total, que es esas elucubraciones estaba yo cuando he sentido una presencia a mi espalda. Me he girado lentamente y allí estaba, mirándome fijamente. Se ha acercado lentamente, con cara de culpabilidad, despacito, como para darle más importancia a la escena. Al llegar a mi altura me ha rozado ligeramente, buscando una caricia. Pero yo he sido fuerte, y me he ido. Eso no le ha hecho rendirse y me ha seguido, porque me conoce demasiado bien. Se ha sentado conmigo y, primero tímidamente, luego con todo el descaro, me ha pedido que le mime. Y claro, yo he caido como una boba. Al fin y al cabo, sabe que no puedo negarle nada. Hoy, mi gato ha vuelto a casa =^o^=

 

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