Sometimes you cry, sometimes you laugh

       Hay días torcidos. Nada sale como esperabas. Cada paso que das va acompañado de un “hoy no tenía que haberme levantado de la cama”. Vas de susto en susto, de tropezón en tropezón, y el simple hecho de respirar te sumerge más aún en esa espiral de desastres que te envuelve y te asfixia.

       Así empezó mi día ayer. A eso de las 12:15 pm ya había sufrido un par de amagos de infarto y sentido en mi interior más interno una intensa furia homicida, y la presencia de ánimo que venía arrastrando de jornadas anteriores (mira, como en una liga de fútbol) no ayudaba mucho que digamos.

       De pronto, no sé muy bien cómo, conseguí empezar a controlar lo que ocurría a mi alrededor. Tomé las riendas y evité que la caravana se desbocase completamente. No me estrellé, lo cual fue un alivio de tamaño descomunal. Entonces, salío tímidamente el sol. Fuí capaz de pensar en algo alegre. Y por la tarde, dos sonrisas que no esperaba cruzarme me trajeron de regreso del lado oscuro de la fuerza. Hoy, una caña en la mejor compañía y la cena posterior me han afianzado lejos de él. Voy a tener que contratarles para que me mantengan alejada durante mucho tiempo. Definitivamente, la risa es la mejor terapia.

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